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» Argentina se separa de rondas por TLC. Pandemia y protección del aparato productivo

El gobierno argentino reafirma su lugar en el Mercosur. No participará de negociaciones por tratados de libre comercio que compitan con su castigado aparato productivo, en el marco de una feroz pandemia global. Centrales industriales de Argentina y Brasil, coinciden con estas preocupaciones por TLC con Corea del Sur. Distintas velocidades de negociación externa.

En el marco de la reunión de Coordinadores nacionales del Grupo del Mercado Común, celebrada en forma virtual el 24 de abril, la Cancillería del gobierno argentino manifestó que
“en su política interna la Argentina se previene de los efectos de la pandemia mientras protege las empresas, el empleo y la situación de las familias más humildes”.

“Lo hace a diferencia de las posiciones de algunos socios, que plantean una aceleración de las tratativas hacia acuerdos de libre comercio con Corea del Sur, Singapur, Líbano, Canadá y la India, entre otros”, señaló. Manifestó además que “la integración no es sólo un mandato de la geografía y de la historia sino parte de nuestro presente y de nuestro futuro”.

De acuerdo con declaraciones del canciller Felipe Solá, lejos de alejarse de la idea de un Mercosur integrado, el gobierno argentino defiende la idea de la negociación en bloque, consensuando un plus de beneficios para el tejido productivo de los países miembros en los acuerdos con actores externos al bloque.

En este sentido, la Cancillería indicó que “la integración regional es una forma de afrontar la pandemia global y sus consecuencias económicas y sociales. Es imperiosa en un mundo en el que los organismos internacionales predicen la caída del PBI en los países de mayor desarrollo, una disminución brusca del comercio global de hasta un 32% y un impacto imprevisible en la sociedad”.

Fue el secretario de Relaciones Económicas Internacionales argentino, Jorge Neme, el que a través de una videoconferencia con sus pares del bloque, comunicó a sus socios, el retiro del gobierno argentino de las negociaciones por los tratados de libre comercio, TLC, encarados, el primero de los cuales, con Corea del Sur, se concretaría este mismo año.

El funcionario argentino destacó la necesidad de buscar soluciones “jurídico institucionales” para que los países que sí pueden llevar adelante negociaciones como la actual puedan hacerlo. Sin embargo, una posterior declaración conjunta de las centrales industriales de Argentina y Brasil, manifestando su oposición a la concreción de un acuerdo desventajoso para ambos países, puso en tela de juicio lo negociado con .

La intención de los negociadores del resto de los socios del Mercosur, es la concluir algunos de estos acuerdos a fin de este año, siguiendo la misma dirección conque se encaró el principio de acuerdo refrendado, aunque no confirmado, entre el bloque regional y la Unión Europea.

En ese momento, sectores industriales argentinos, como la Unión Industrial Argentina, UIA, y la Cámara de la Mediana Empresa, CAME, reclamaron al gobierno de Mauricio Macri, por lo que consideraron un acuerdo concertado en sus grandes líneas, sin la debida comunicación a sus sectores, que podrían verse seriamente afectados por las asimetrías comerciales. La velocidad conque se concretó este primer texto, además de la desinformación sobre su contenido, después de 10 años de arduas negociaciones en las que no se logró encontrar una fórmula que beneficiara al Mercosur, permitió inferir que las condiciones del tratado no diferían mucho de lo logrado hasta ese momento.

Negociaciones a distintas velocidades. Los acuerdos extra Mercosur

La respuesta de Paraguay, que hoy ocupa la presidencia pro tempore del bloque, fue la de disponer que se “evaluarán las medidas jurídicas, institucionales y operativas más adecuadas en razón de la decisión soberana de la República Argentina de manera de no afectar el proceso de construcción comunitaria del MERCOSUR y de las negociaciones comerciales en curso”, es decir, buscar los canales para seguir negociando sin respetar la Resolución del Mercosur que insta a la negociación en bloque con los actores extra Mercado Común del Sur. Esto es así porque de acuerdo con la normativa Mercosur, sólo se puede negociar en bloque (resolución 32/00).

Uruguay, que aparece como el mayor impulsor del acuerdo, como lo fue con el de la UE, celebró en febrero, durante el período de su presidencia pro tempore del Mercosur, una ronda de negociaciones en donde se agendaron los temas más importantes del tratado que se pretende firmar con Corea del Sur. Este acuerdo, que debería ser evaluado en sucesivas reuniones, está siendo impulsado en forma acelerada, a pesar del escenario interno de pandemia global y regional.

El gobierno de Lacalle Pou, que coincide en sus orientaciones con Itamaraty y el gobierno paraguayo, prosigue en la dirección de bregar por acuerdos bilaterales extra Mercosur. El nuevo presidente anticipó que tiene en la mira un acuerdo bilateral con Estados Unidos. En momentos en que se cerraba el borrador del acuerdo con la UE, tanto Mauricio Macri como los negociadores uruguayos, intentaron arribar al consenso con el bloque europeo por fuera del Mercosur, planteando negociaciones de distintas velocidades. En ese momento, lo impidió la línea pro integración del presidente Tabaré Vázquez, representante de una coalición, que como Frente Amplio, se opondría a estas posturas desmarcadas.

Sin embargo, un acuerdo a "dos velocidades" como el que pretendía en ese entonces, en alianza con Argentina, no es algo nuevo para Uruguay. En 2004, cuatro años después de la aprobación de la Decisión 32/00 que dispone la negociación en bloque con actores externos, el Poder Ejecutivo encabezado por Jorge Batlle firmó un Tratado de Libre Comercio con México sin la intervención del bloque. Mientras que hace dos años, signó un TLC con Chile, a pesar de las controversias internas generadas.

Los fundamentos: Un informe elaborado por el gobierno uruguayo en 2017, llegó a la conclusión de que si bien la Decisión adoptada en la XVIII Reunión Ordinaria del Consejo del Mercado Común, y en su art 2 dispone que a partir de 2001, los Estados Partes no podrán firmar nuevos acuerdos preferenciales o acordar nuevas preferencias comerciales en acuerdos vigentes en el marco de ALADI, que no hayan sido negociados por el MERCOSUR, la Decisión nunca entró en vigor. La declaración 32/00 que determina la negociación conjunta, nunca fue incorporada al ordenamiento jurídico del Mercosur, por lo que en la interpretación de Uruguay, nunca entré en vigor. Por otra parte no llegó a ser aprobada por el Parlamento uruguayo, de acuerdo con lo publicado por El Observador de marzo de 2018. En esa fecha, se sopesó la posibilidad de alcanzar un TLC con China, después de un viaje del presidente Tabaré Vázquez a ese país.

Volviendo a la actual propuesta argentina, Uruguay la aceptó rápidamente, y a través de un comunicado de su Cancillería, afirmó que “las negociaciones en curso con Canadá, Corea del Sur, Singapur y Líbano”, se llevarán adelante sin la participación argentina, tal como lo decidió ese gobierno. Agregó además que no quedará afectada “la agenda prevista ni el objetivo de conclusión de estos procesos a fines de 2020”.

El mismo comunicado consigna que la decisión argentina, “no afectará los acuerdos concluidos con la Unión Europea (UE) y con la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA por su nombre en inglés), ambos en etapa de revisión legal y cuya firma y remisión a los Parlamentos está prevista para este año”. Habría que agregar que la aprobación por los parlamentos europeos del acuerdo dista de ser un proceso que pueda concluirse en un lapso tan corto, según lo previsto cuando se esbozó el acuerdo, sólo por el normal funcionamiento del sistema de aprobación por parte del Parlamento europeo y los parlamentos nacionales. El gobierno uruguayo cuenta conque una vez aprobado el capítulo comercial, que sólo requiere el visto bueno del Parlamento de la UE, Uruguay pueda, a través de un acuerdo comercial especial extra Mercosur, consolidar "su status como exportador de servicios a la UE", con gran contenido de conocimiento e innovación, como lo señaló en su momento el entonces ministro de Economía Daniel Astori.

En otro tramo del reciente comunicado de su cancillería, Uruguay también advierte que “la decisión argentina no afectará los procesos exploratorios en curso y que podrían concluir en el lanzamiento de nuevas negociaciones comerciales del MERCOSUR, especialmente con Vietnam e Indonesia, ni los procesos de profundización de los Acuerdos en vigor con Israel, India y la Alianza del Pacífico”.

“A partir de esa videoconferencia y la serie de reuniones previstas para los próximos días, los equipos negociadores del MERCOSUR diagramarán el nuevo calendario de rondas de negociación para este año. Tomará en cuenta las dificultades generadas por la pandemia del COVID-19 pero mantendrá el firme objetivo de priorizar las negociaciones en curso y concretar el lanzamiento de nuevas negociaciones comerciales”, expresa el comunicado.

Uruguay, cuyo flamante presidente Lacalle Pou anunció como meta de mediano plazo que trabajaría para firmar un acuerdo bilateral con Estados Unidos, reafirmó en la declaración “su fuerte compromiso con la integración regional y con el rol de MERCOSUR como plataforma para la inserción económica internacional de sus Estados Partes. Por ello, continuará trabajando conjuntamente con Brasil y Paraguay para la pronta y eficiente conclusión de los acuerdos comerciales en negociación y la búsqueda de oportunidades para realizar nuevos acuerdos”.

Empresariado de Argentina y Brasil alarmado por el potencial TLC

El gobierno argentino, en línea con la Unión Industrial Argentina, UIA, y la Confederación General del Trabajo, CGT, decidió declarar su separación de las negociaciones con la cuarta economía de Asia, que en 2019 exportó al Mercosur 5.300 millones de dólares en productos electrónicos, autopartes y automóviles. Las ventas del Mercosur, por 5.500 millones de la misma moneda, consistieron en fundamentalmente en productos agrícolas, acero y mineral de hierro. No sólo se perjudicaría al tejido productivo de la región con el intercambio, sino que además, falta garantizar un acceso efectivo para el sector agroalimentario, incluyendo no sólo rebajas arancelarias, sino un marco regulatorio adecuado y confiable que reduzca también potenciales barreras sanitarias y fitosanitarias, técnicas o ambientales, entre otras, al comercio bilateral.

Alarmadas ante la última ronda de negociaciones de mayo, la Unión Industrial Argentina (UIA), junto a la Confederación Nacional de la Industria de Brasil, emitieron un declaración conjunta manifestando su preocupación por la marcha del acuerdo de libre comercio del Mercosur con Corea del Sur y manifestaron “preocupación por el impacto en los sectores industriales y falta de transparencia de las tratativas".

El marco de la pandemia que afecta a la región desde lo sanitario y lo económico, agrava los efectos negativos que pueden derivarse de una apertura del Mercosur a la producción industrial de Corea del Sur en plazos breves, sostiene la declaración. La mayor competencia industrial del país asiático, con una posición dominante en sectores como electro-electrónica (como el gigante Samsung), acero, químico, el sector automotriz (vehículos terminados y autopartes) entre otros, constituyen otro motivo de preocupación por los serios perjuicios que podría provocar a la industria del Mercosur. No se conocen estudios de impacto del eventual tratado, ni los beneficios para el bloque. El problema se extiende a las potenciales prácticas desleales de comercio, y al tratamiento de los derechos de propiedad intelectual.


El tema no es nuevo. Ya en el año 2018, en circunstancias parecidas frente a la negociación Mercosur-UE, centrales empresarias de los cuatro países del Mercosur - Unión Industrial Argentina y la Confederación Nacional de la Industria de Brasil, junto a la Unión Industrial Paraguaya y la Cámara de Industrias del Uruguay -, produjeron una declaración advirtiendo sobre la transparencia de las negociaciones y acerca de que los términos del tratado no redundaran en un daño para la industria regional.

Graciela Baquero

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